Un paso al frente

Un paso al frente y se acabó

El 1 de julio de 1941, en formación de a cuatro, aplomados por la virulencia de una arenga no anunciada, Ramiro está en la columna equivocada. La presencia de la plana mayor del regimiento en la formación no presagia nada bueno.
En un extremo de la plaza, la banda ensaya el himno nacional hasta que el corneta impone silencio. A ese general, recién llegado de Madrid, parece irle la vida en el discurso, en su defensa del honor, de la raza, en su ataque a los comunistas. Cuando vocifera que Rusia es culpable y que su exterminio es una exigencia de la historia y del porvenir de Europa, la tropa deja de respirar. Cuando concluye su proclama con un ¡Viva España! ¡Viva Franco!, un sargento rompe la formación, avanza cuatro pasos, gira ciento ochenta grados sobre sí mismo y de cara a la tropa, ordena: «¡Atención, columnas pares! ¡Un paso al frente! ¡Ar!».

Y se acabó. Un paso al frente y se acabó. Un paso al frente y ya nada será lo mismo. De nada ha de servir que les equiparen el sueldo al de los soldados alemanes ni tampoco el subsidio que percibirán sus familias. No hay consuelo posible para ese paso al frente. El 1 de julio de 1941, en formación de a cuatro, aplomados por la virulencia de una arenga no anunciada, Ramiro no da crédito a su destino.

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