SÚBETE LOS PANTALONES

Llora como solo algunos miedos hacen llorar

En uno de los viajes, unos gritos a medio sofocar en alguna casa al final de la callejuela los alertan. Gritos de mujer, de miedo, de rabia, de querer salvar la vida. Los primeros en llegar son Andrés y Ramiro que entran en la casa sin precaución ni prudencia ninguna. Allá que se encuentran dos tipos que están por violar a una mujer. La tiene uno de ellos, el Mellao, contra una mesa intentando al tiempo que no grite y que se esté quieta, mientras el otro, el Choto, aún armado, espera turno. De los doctores, solo Andrés carga fusil a la espalda. Se encañonan mutuamente el Choto y Andrés que, a pesar de estar a apenas dos metros, empuña y apunta como si fuera un francotirador. El Mellao, con los calzones bajados, quiere mediar. «Tranquilo todo el mundo, que hay para todos. Primero unos y luego otros. Así que si no os importa, mamones, esperad fuera, que ahora estoy ocupado». Pero Andrés no está para mediaciones, ni para chulerías, ni para órdenes de aquel individuo y, barbilampiño y menudo como es, no le tiembla la voz. «Súbete los pantalones y marcharos los dos de aquí». Ramiro, en medio, desarmado e inmóvil. Sidro y Jaime en la jamba de la puerta, también desarmados e inmóviles. «¿O qué?»,

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